Los partidos
y la anti-España





No hay partidos buenos y partidos malos. Todos son aparatos de poder. Todos son lo mismo en sus intenciones: vivir a costa del pueblo simplón, al abrigo de los Presupuestos Generales del Estado.

Cuando los partidos adquieren cierta relevancia, si no antes, atraen el interés del sistema económico. Los más importantes atraen el de la Sinarquía Financiera Internacional (SFI), que los corrompe más rápido que el polvo de un canario. Cuando tienen la oportunidad de ejercer el poder político, los partidos enchufan a los suyos en la Administración para controlarla cuando no lo ejerzan, porque el poder político es efímero y rotatorio y la casta política, chupóptera y posibilista.

Dado que el Estado y sus administraciones periféricas, autonómicas y locales, constituyen un sistema de poder sobre el pueblo ignorante --los pueblos siempre ignoran las cosas importantes, incluso los suecos y noruegos, hay mucha pasta en juego--, son palancas de la SFI para dominar el mundo. Los partidos le son necesarios, pero han de ser sumisos. Si no, son sometidos mediante el chantaje a sus líderes, que suelen ser los más corruptibles y los que más muertos guardan en el armario ropero.

Hablando de España, todos los partidos tienen cosas que los diferencian, pero, aguzad la vista, lo importante es fijarse en las ideas comunes. En España no existe ni un solo partido con posibilidades de representación parlamentaria que no cumpla ciertas condiciones sine quae non:

--Han de ser devotos del sistema liberal, con la libertad de mercados como escapulario.

--Han de jurar la preeminencia del dinero sobre toda otra cuestión ideológica. Todo tiene costo, luego todo tiene un precio.

--Han de ser antinacionalistas de su propio Estado. Se acepta, sin embargo, que lo sean de las "nacionalidades y regiones" sin estado.

--Han de ser europeístas, dispuestos a ceder tanta soberanía nacional como sea solicitada para "igualar" a todos los europeos.

--Han de asumir el concepto de europeo como el de hombre que vive y trabaja --si es que puede-- en Europa. Aunque sea turco y Turquía, una nación asiática.

--Han de ser activos promotores de la inmigración descontrolada.

Dentro de estos estrechos márgenes de actuación, deben enfrentarse unos con otros de modo lo más cainita posible siguiendo sus particulares agendas, induciendo al pueblo a comportarse como los tertulianos de la televisión.

Pero la agenda de todos los partidos debe insertarse en la agenda del Nuevo Orden Mundial como polla en culo, o no gozan de ninguna visibilidad social. Por eso Podemos alcanza importantes cuotas de presencia en los medios, pero no partidos como, pongamos por ejemplo, el Partido Nacional Republicano (izquierda), Alianza Nacional (derecha) y, en general, cualquier partido nacionalista español (creer que lo sea el PP es una broma de muy mal gusto, no da risa, sino miedo) que anteponga la soberanía de la nación española --y de los españoles-- a los intereses internacionalistas. No entra Bildu, partido nacionalista radical vasco, en esta categoría de partidos enmudecidos por los medios por razones obvias: su rollo es útil a la ida y a la vuelta, tanto en lo que guste como en lo que disguste a los espectadores.

Los medios de comunicación de masas, no sólo en España, son propiedad accionarial o han sido sometidos mediante la usura --cooptando a sus directivos-- por la Sinarquía Financiera Internacional. Ya no son medios de información, sino de propaganda del sistema liberal-democrático, cuya finalidad es esquilmar al pueblo y hacerle pagar lo que no debe ni ha disfrutado, pero haciéndolo culpable de sus desgracias.

Por eso, la casta política y la casta periodística son las dos quijadas de las tenazas que deshuevan al pueblo.

Ante esta situación, ¿tiene España sentido como idea?

No, si el pueblo no asume sus debilidades y explota sus fortalezas.

Su gran debilidad es haber asumido la importancia del dinero como medio de realización personal. Hasta el punto de que cualquier hombre al que no le importe el dinero es peligroso para el poder, lo haya sustituido por lo que lo haya sustituido en su cerebro, ávido de valores. Los jóvenes valoran el dinero mas que nada. Los cazadores de pokemones son parásitos adictos al consumo y al dinero que les da papá.

Su segunda gran debilidad es el individualismo mal entendido como competencia permanente, como cagarse en el vecino, disputar una plaza de aparcamiento o ir más a la moda que nadie, a ver si pilla cacho. El individualismo es necesario, pues todos somos únicos. Pero las ideas, convertidas en ideales, son nexos entre pares que incrementan exponencialmente la fuerza de cada individuo. Los ideales no tienen nada que ver con los partidos políticos, eso está más claro que la sopa de Cáritas. Al contrario: los partidos son máquinas de convertir ideales en cuestiones económicas. Un ideal es algo que está por encima de los intereses individuales y egoístas. Un ideal es, por lo tanto, más peligroso que un bebé con unas tijeras.

Aunque los medios y los políticos los obvian o los satanizan constantemente, existen disparadores sociales de los ideales.

Uno de ellos es sentimiento nacional organizado en torno a la guerra. El servicio militar obligatorio desapareció en España por eso. Porque el ejército de cualquier nación es la propia nación, da igual si es Israel o Alemania. Y al haber sido militar durante unos años cuaja en el cerebro del hombre, más allá de cualquier idea política. No lo olvida nunca, como demuestran los millones de batallitas que los mayores cuentan de cuando hicieron la mili. Cuando desapareció el servicio militar obligatorio, de la mano del antinacionalista Aznar, todos los hombres españoles se pusieron más contentos que premiados de la Bonoloto, excepto aquellos que ya habían cumplido el servicio militar. Y no por envidia o sentido de tiempo perdido, sino porque formaba parte de su bagaje cultural: "Yo soy capaz de empuñar un arma, mantenerla, de comprender tácticas de ataque y resistencia, de ir a la guerra en defensa de mi nación y de mi bandera confiando en mis camaradas".

Los ejércitos profesionales son la peor forma de corrupción del Estado: El colofón de la corrupción militar se da en EEUU, que interviene en el mundo a su antojo pagando ejércitos privados, como Blackwater, porque no están sometidos al derecho en tiempos de guerra, la Convención de Ginebra, porque son mercenarios, piratas que pueden saquear museos, el oro de las bóvedas o el petróleo para sus clientes. Las pocas naciones que mantienen el servicio militar obligatorio son naciones de fuerte sentimiento patriótico, armadas, respetadas. En Europa, el servicio militar obligatorio se mantiene sólo en Alemania, Austria, Bielorrusia, Dinamarca, Finlandia y Grecia. Ningún partido español osaría hablar de la reinstauración del servicio militar por el rechazo social incrustado en las mentes de los ciudadanos como esas manchas en la porcelana del retrete que no se quitan ni con salfumán.

Otro disparador social es la evidencia ante los propios ojos de los españoles del perjuicio que les causa la inmigración desordenada, la invasión de valores caducos, como la represión del sexo en la mujer o los ideales religioso-políticos ya superados en las naciones europeas; y también la competencia desleal y desesperada de los inmigrantes en puestos de trabajo que desaparecen ante los ojos de los españoles, o los servicios sociales, educativos y sanitarios atestados de beneficiarios de piel dudosa --y digo dudosa, porque bien pudiera ser gitano, y ése es un hermano español--. Ningún partido español osaría enfrentarse a la tenaza político-mediática defendiendo no ya que los inmigrantes fueran expulsados del país --aunque sólo fueran los ilegales--, sino que los españoles tuvieran prioridad en los servicios porque son los que los pagan. De eso, nada. Al revés, paga por todos y ponte a la cola.

Un tercer disparador es el sentimiento de pertenencia a la nación en los eventos en los que ha quedado como residuo: el deporte, la puta Copa del Mundo de fútbol. Pero ese sentimiento es efímero: los éxitos duran poco en la memoria y los fracasos son detonantes del antinacionalismo, porque a los españoles no les gusta perder sin darse el gustazo de cagarse en la puta madre del seleccionador, en los jugadores y en España, de paso.

El cuarto disparador es la propaganda, pero sólo cabe esperarla de la Tenaza en tiempos de guerra. Ningún nacional --nacido en el Estado Español y heredero de su cultura, aunque sea sin saberlo-- es impermeable a la exaltación de su sentimiento patrio. Ni siquiera los comunistas. Es inevitable, está en los genes de todo hombre desde el principio de los tiempos, como el meterla en caliente o papear cuando tiene hambre. Pero a nadie le está permitido dirigirse a los españoles con un discurso patriótico desde la televisión, que es donde los españoles ven "todo lo que existe" (casi nadie sabe, por ejemplo, que el partido MSR, Movimiento Nacional Republicano, de corte nacional-sindicalista, ha instalado a todo lo largo y ancho de España comedores sociales sólo para españoles en estado de extrema pobreza).

Por todo lo expuesto con mayor o menor acierto, vaticino la eclosión de un fuerte partido ideológicamente de izquierdas --porque se dirigirá a los pobres y los desesperados, que son de izquierdas por cojones--, aconfesional --pues la Iglesia es una organización internacionalista y el resto de religiones son organizaciones de salvajes que desprepucian a sus adeptos y les joden la vida sexual--, patriótico --pues desbordará el economicismo pasando por encima del bienestar y del dinero, porque no podrá garantizárselo a nadie--, antieuropeo --pues Europa es una cárcel señoreada por la banca internacional sionista-- militarizado --pues la organización férrea será fundamental para sobrevivir-- y violento --tendrá que serlo ante las agresiones constantes y agredirá, a su vez, a todo colectivo que considere una amenaza para su proyecto nacional, inmigrantes u organizaciones buenistas que encubren a los servicios de espionaje--, y cuyo enemigo a batir será el Nuevo Orden Mundial en nuestro territorio nacional. Extraerá su energía de la injusticia, de la explotación de la casta dirigente, de la usura bancaria, de la corrupción de los partidos, de la xenofobia de las nacionalidades periféricas contra los españoles y de de la traición de los sindicatos a su afiliados. Ese partido será reprimido por el Estado con todas sus fuerzas y satanizado por los medios, que meterán tanto miedo como puedan en el cuerpo de los españoles más débiles. El líder de ese partido sufrirá atentados, como el que le costó la vida al austriaco Jörg Haider. Pero si consigue sobrevivir, para lo que tendrá que tener más vidas que un gato, ese partido contará con un apoyo creciente de los cuadros medios del Ejército, de la Guardia Civil y del pueblo. Contra ese partido se tongarán elecciones mediante pucherazos descomunales, reíros del 26J.

Porque si finalmente llegara al poder un partido neofascista, ilegalizaría a todos los partidos anti españoles --o sea, no quedaría ninguno de los actualmente instalados en el Parlamento--, impondría el nacionalismo español a cañona, formando el "espíritu nacional" en las escuelas. Poco después, España estaría en guerra contra sus enemigos internacionales, que serían todos. La guerra se perdería, evidentemente. Y España quedaría arrasada y lista para el saqueo definitivo. Es un déjà vu, ¿no?

¿Hay alternativa a la desgraciado cuadro que he pintado, que parece el Gernika de Picasso o el Grito de Munch? Claro. Si acabara la crisis y España regresara el estado del bienestar, la gente seguiría durmiendo sin ver la realidad, porque la realidad es más fea que Fátima Báñez sin maquillar. Pero el estado del bienestar no regresará nunca, y menos con diez millones de extranjeros en España chupando del frasco como Carrasco. Ya dijimos en este perverso diario que la crisis durará hasta 2025, como poco. ¿Existe una vía pacífica para recuperar la soberanía nacional, el sentido patriótico de los españoles, la solidaridad entre los nacionales sin recurrir a la violencia? No. Pues las nuevas generaciones son blandas, débiles, parásitas, egoístas y disfuncionales. Y la tenaza de los partidos y los medios existe para que la juventud no levante cabeza. Lo siento. No existe la más mínima posibilidad. Ni siquiera la que tiene el jugador de ruleta rusa con una sola recámara vacía en el cilindro del revólver.

MALDITO HIJO DE PERRA



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